Hoy leyendo un artículo corto de la HBR me acordaba de mi primer jefe en mi primera empresa. Don Pedro era una persona muy autoritaria, tremendamente autoritaria, con un carácter férreo, y extremadamente agrio. Su estilo de dirección era el miedo. Pero eso no hacía que no fuese una persona muy querida por todos.

Maquiavelo preguntó, hace ya 500 años, si era mejor para un líder ser querido o temido. El concluyo que lo mejor era ser las dos cosas -algo francamente difícil para casi todos-, pero que si no podía ser, lo mejor es ser temido. Don Pedro era de otra generación -se jubiló cuando yo llevaba muy pocos años trabajando-, y el estilo del miedo era el predominante es esa generación de líderes, y por supuesto en las que habían venido antes que él.

De hecho, seguro que todos los de mi generación habéis recibido algún cachete en la escuela. Esto ahora es impensable, un maestro puede perder su trabajo por hacer esto. Y de la misma manera, los estilos de dirección del miedo en estos tiempos son poco habituales. Pero, ¿por qué se ha producido este cambio? Básicamente por el cambio desde un modelo industrial a la sociedad de la información. En una fábrica, se necesitan reglas estrictas y muchas veces mano férrea. En cambio, los trabajadores del conocimiento no funcionan bien con esa rigidez, con ese miedo.

El artículo comentaba que en los países desarrollados aun se continúa usando mucho el estilo de dirección del miedo. Yo la verdad es que desde Don Pedro, no me he vuelto a encontrar con nadie que use ese estilo, pero reconozco que en según qué casos es en único estilo que funciona. Por ejemplo, en la empresa que estoy ahora hay un porcentaje muy grande del personal en el almacén, y allí lo que funciona es la mano férrea, para evitar las ineficiencias, vagancias, y los robos. ¿Y no pensáis que hay personas que funcionan mejor con este método? Hay gente que prefieren no tener que decidir qué es lo que tienen que hacer, y simplemente conocer las reglas y seguirlas, sin pensar en nada más. O hay otros que piensan que serán mucho más productivos con jefes duros, que los expriman hasta el límite de su capacidad.

Aun y así, un líder autoritario -incluso a veces insultante- puede inspirar mucho respeto, sobre todo si es auténtico y se preocupa realmente por la gente que tiene a su cargo. Don Pedro era así. Son personas queridas por sus equipos, porque son autoritarios pero justos.

¿Pensáis que este estilo puede seguir teniendo utilidad? Por supuesto, tiene sus defectos, pero muchas veces, es lo único que funciona. Los líderes que triunfan leen las señales y adaptan su estilo de dirección a lo que va mejor en cada caso. Pero hemos de conocer nuestros límites, porque no todos tenemos esa capacidad de adaptación para poder actuar con un estilo del miedo, y nos puede llevar al fracaso.

 

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