Hace unos días, leyendo un Harvard Business Review antiguo, encontré un artículo que hablaba sobre el attention deficit trait, o ADT. Se trata de un trastorno de la misma familia que la hiperactividad, pero que en vez de ser neurológico, por lo tanto naces con él y se diagnostica en la infancia, se produce por el entorno. Es un resultado de la vida que llevamos.

Los síntomas de este desorden son falta de concentración, nerviosismo e impaciencia, problemas en establecer prioridades, organizarse y gestionar su tiempo. Lo sufren las personas que tienen un exceso de trabajo, que no son capaces de abarcar. Por supuesto esto hace que un buen trabajador no rinda todo lo que podría.

Las causas son una sobrecarga en la parte frontal del cerebro, que tiene la responsabilidad de la planificación, la toma de decisiones y la priorización de información e ideas. El cerebro humano, a grandes rasgos, tiene una parte externa que se encarga de las funciones de las que somos más conscientes, como la vista, el oído, la memoria, el pensamiento; y una interna, que se encarga de la parte más automática, como respirar, los latidos de nuestro corazón, el hambre, dormir, y de las mas primitivas emociones positivas y negativas. En resumen, la parte externa es la que nos hace ser humanos, y la interna primitiva la que nos mantiene vivos.

Cuando todo va bien y estamos actuando correctamente, la parte interna envía señales de placer y satisfacción a la externa. Pero cuando tenemos demasiadas cosas en la cabeza, estrés, muchas tareas, o una gran presión, la parte interna del cerebro, interpreta las señales de la externa de manera primitiva y reacciona colocando a nuestro cerebro en modo supervivencia, como si un animal salvaje nos estuviera atacando. La parte externa deja de funcionar, ya que la interna asume el control de nuestro cuerpo y mente. Dispara señales de miedo, ansiedad, nerviosismo, irritabilidad, impaciencia, que saturan nuestro cerebro externo consciente paralizándonos, y también por ejemplo, hace que el pulso suba, la presión sanguínea aumente y la respiración se entrecorte.

Esta situación se da mucho, entre otras, en los arranques de ERP en las empresas. En todos los que yo llevo hechos he vivido muchas veces con esta reacción, tanto en mis equipos como en mi. Y si os paráis a pensar, en vuestra vida diaria también se da a veces, por ejemplo en los niños cuando no son capaces de aprender algo que les han mandado en la escuela.

¿Cómo evitar este círculo vicioso? Por suerte el ADT no requiere tratamiento farmacológico, ya que lo produce el entrono, por lo tanto influyendo en él podemos evitar que se produzca. Veamos algunas propuestas.

  • Promover emociones positivas. El ADT se produce menos en equipos que están bien conjuntados y en los que hay buen ambiente.
  • Cuidar nuestro cerebro. Ejercicio físico, una alimentación correcta y las horas de sueño necesarias son fundamentales para prevenir el ADT. Puedes intentar trabajar más durmiendo menos para evitar el ADT, pero eso produce el efecto contrario. La alimentación es muy importante, hay que comer vegetales, evitar las grasas saturadas. Ejercicio cada día, aunque sea andar.
  • Organizarse. Aquí entra en juego el GTD. Nos ayuda especialmente a controlar el ADT.
  • Protege tu parte externa del cerebro. Has de frenar el ritmo. Ponte alarmas que rompan el trabajo, descansa de tanto en tanto. Si ves que la ansiedad aumenta, haz algo que rompa el círculo, por ejemplo, copia un párrafo de un libro cualquiera, date una vuelta por el pasillo, lee algo que no tenga nada que ver con la tarea que estás haciendo. Ten “momentos humanos”, habla con alguien con el/la que te sientas bien.
  • No sobrecargues a tu equipo. Has de controlar que ninguno de los componentes entre en la espiral del ADT. Hazles hacer pausas, fomenta el buen ambiente, no los satures de tareas. Dale a cada persona lo que sabe hacer mejor.

Controlar el ADT os va a ayudar a rendir mucho mas, y a la larga os permitirá trabajar más y mejor.

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