Hoy no escribo yo. Esta entrada me la ha enviado mi amigo Jordi desde Zaragoza. Algo de lo que él quiere hablar.

El otro día, por casualidad, me enteré de una noticia que me gustaría incluir en la sección de buenas noticias de este blog. Se trata de la publicación de un libro escrito por Fidel Masreal y que se titula Conviure amb la depressió (Convivir con la depresión).

Podéis encontrar información sobre el libro y sobre el autor en Internet fácilmente si os interesa. Yo he encontrado entrevistas en las que Fidel habla de su libro, una de ellas en catalán con Joan Barril (da gusto oírle hablar, me parece un tío muy majo) y otra en castellano con Gemma Nierga en su programa La Ventana.

Por lo que he oído, el libro habla de la importancia del apoyo de los familiares a las personas que tienen depresión para curarse.

Personalmente no conozco muchos detalles sobre la depresión. Eso no impide que sea una de las enfermedades que más miedo me dan. Por tanto, sobre el tema de la depresión no puedo decir mucho e incluso creo que en otros libros se puede conocer más cosas sobre ella. Lo que de verdad me ha llamado la atención de este libro es que se analiza el papel que juegan los familiares en la evolución de una enfermedad, especialmente de la depresión.

He podido ver en otros países, económicamente más desarrollados, que se pierde un poco ese sentido de solidaridad dentro de la familia. Si el sistema es del tipo muy liberal o capitalista, da la impresión de que esa solidaridad (entendida como servicio) simplemente haya que pagarla. Si el sistema se basa en un estado más proteccionista, entonces se exige de dicho estado que provea ese servicio.

No estoy ni mucho menos en contra de que haya un servicio para las personas discapacitadas o enfermas y no voy a entrar en si ese servicio debe ser privado o es el estado el que lo debe proveer. En ese sentido, creo que, por ejemplo, la Ley de Dependencia es un grandísimo avance. Pero lo que creo que hay que dejar muy claro es que los servicios que pueda prestar una persona cualquiera, no sustituyen el afecto y la atención que pueda dar un familiar.

No defiendo que los familiares deban ocuparse en exclusiva de las personas enfermas, pero sí que pienso que son ellos los que deben asumir la responsabilidad de coordinar la ayuda externa y preocuparse en todo momento de que a la persona dependiente no le falte el afecto y la compañía de los que la quieren.

Hablo en general de las personas dependientes pero creo que en el caso de una persona con depresión la proporción entre las necesidades puramente materiales y las afectivas o psicológicas es tan grande a favor de las segundas que todavía hacen más importante la presencia de los familiares en el proceso de curación.

Espero no tardar mucho en leer el libro y así poder reflexionar más sobre el tema. Lo que he contado hoy es más una cosa que me ronda desde hace tiempo. La publicación del libro ha sido una mera excusa para echarlo fuera, que muchas veces va bien. Parece ser que no tardará en publicarse en castellano.

Un saludo
Jordi

Gracias, Jordi.

Por desgracia, yo sí que he sufrido la depresión en mi familia, en varios componentes, pero sobre todo en mi madre. Fueron más de 10 años luchando con la enfermedad, y te puedo asegurar que el sentirse arropado por la familia ayuda mucho, para el enfermo y para los que están ayudando al enfermo.

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