El post de hoy viene a cuento de una entrada que apareció en el science blog titulado putting feelings into words produces therapeutic effects in the brain y de otra de lifehack.com llamado GTD + Your Emotional Life. En el primero se da una demostración científica de que escribir las cosas nos ayuda con nuestros sentimientos, y el segundo habla de organizar nuestros sentimientos para ser más productivos.

¿Por qué poner nuestros sentimientos en palabras, tanto escritos como hablados con alguien, nos ayuda a sentirnos mejor? Un estudio de la UCLA lo ha demostrado de forma real.

El experimento consistió en mostrar a un grupo de personas una fotografía con una imagen de alguien enfadado. Se produce una activación muy fuerte en la amígdala, la parte más interna y primitiva del cerebro, y pasa incluso cuando la imagen se muestra de forma subliminal, sin que nuestra mente consciente se dé cuenta. Pero cuando la palabra enfadado aparecía en la foto, escrita, o la escribían las personas con las que se estaba haciendo el experimento, disminuía la actividad en la amígdala y aumentaba en la parte lateral del cortex, zona mucha más asociada al pensamiento consciente. O sea que cuando la palabra aparecía, era una parte diferente del cerebro la que se encargada del sentimiento.

Por lo tanto, cuando escribimos un diario, o cuando hablamos con alguien con el que conectamos, nos encontramos bien. Muchas veces la gente te contesta que escribe un diario porque les hace sentirse mejor, o hablamos con un amigo y le explicamos nuestras cosas, parece que el problema se haga más pequeño. Se trata de la fuerza de las palabras, expresando nuestros sentimientos, se hacen pequeños. Al final todo se reduce a un proceso químico en nuestro cerebro.

Si estas confuso y distraído con un problema emocional, no producirás lo debido, y afectará la gente de tu alrededor. Pero si podemos manejar nuestros sentimientos como si se tratara de tareas reales, quizás nos sentiríamos mejor. Aquí entra el GTD.

La primera práctica del GTD es sacar las cosas de nuestra cabeza. Por lo tanto, hemos de reflejar nuestros sentimientos en un sistema en el que confiemos. ¿Por qué no apuntarlos como si fueran una tarea?

Después procesemos ese inbox y analicemos los sentimientos para conocernos mejor a nosotros mismos. Priorícemelos, y pensemos en ellos para poder controlarlos.

La verdad es que yo usé esta variación del método de GTD durante un tiempo y no me acabo de funcionar, pero he leído en el blog a muchas personas que si les funcionó. Supongo que mi problema es que me cuesta mucho escribir acerca de mis sentimientos. Yo prefiero hablar con las personas a las que aprecio, y eso si me alivia de mis problemas. Yo les llamo mis “momentos humanos”. Pero me ha parecido interesante la explicación del funcionamiento del cerebro, ese gran desconocido.

Eso sí, el GTD para organizar mi tiempo me va de película.

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