Entradas anteriores: las cinco mentes de un directivo, el pensamiento reflexivo, el pensamiento analítico, el pensamiento global, o mejor mundial, el pensamiento colaborativo.

Siempre he pensado que la empresa en la que estaba era como un carro tirado por varios caballos salvajes. Estos caballos representan las emociones, aspiraciones y motivos de todas las personas en la organización. ¿No pensáis qué para dar un cabio de dirección en su marcha hace falta algo más que solo unas riendas?

Por lo tanto aquí no vamos a hablar de ordenar y punto. Se trata de conocer el terreno, conocer a tu equipo, saber que son capaces de hacer en ese terreno, y ayudarles a definir y mantener una dirección. Ya he hablado extensamente de cambio en este blog, porque si os dais cuenta, estamos en un momento de la sociedad en que los cambios se suceden a mucha velocidad… ¿O no? Yo pienso que hay muchas cosas que cambian, por ejemplo los sistemas de información, pero muchas otras no, por ejemplo, los coches siguen funcionando con gasolina, los aviones no son tan diferentes de hace 20 años… Solo nos fijamos en las cosas que cambian, pero hay muchísimas que no cambian.

El cambio no tiene sentido sin la continuidad. Cambiar todo continuamente nos lleva a la anarquía. Los negocios se evalúan por los productos que venden o los servicios que ofrecen, no por los cambios que llevan a cambio. Por lo tanto la gestión del cambio significa también la gestión de la continuidad. Por lo tanto el pensamiento ejecutivo ha de intentar poner energía en las cosas que han de cambiar, pero con mucho cuidado de no cambiar el resto. Y no es fácil, es tan difícil manejar el cambio como la continuidad.

Cambiar es un proceso de aprendizaje, y también lo es mantener el rumbo. Muchas veces las personas se oponen a los cambios porque creen que fallarán, y en cambio están siempre cambiando de manera silenciosa cosas en sus equipos para mejorar el rendimiento. Por lo tanto el cambio no puede ser algo reglado y mecánico, la acción y la reflexión han de ir juntas en un flujo natural, y por supuesto también la colaboración. Ya he hablado muchísimo sobre el cambio y creo que eso ha quedado claro.

Otro ejemplo, en la implantación de un ERP estamos cambiando un sistema informático por otro, pero eso no significa que tengamos que cambiar la manera en que se hacen las cosas en absolutamente toda la organización. Muchas empresas han aprovechado la implantación de un ERP para hace reingeniería, y han fracasado notablemente. Seguro que hay muchas cosas que tendrán que cambiar, al final el sistema informático define la parte transaccional de una empresa, pero hay que intentar que los cambios sean los mínimos en la base del funcionamiento de la empresa.

Con esto acabo la serie sobre el pensamineto directivo. Os recuerdo que está basada en un artículo de la HBR, pero he intentado dar mi visión personal y mi experiencia en algunos puntos. Al final, solo intento dar puntos para reflexionar, se que muchas de las cosas que propongo os pueden parecer utópicas, pero seguro que encontrais algunas que al menos os hacen preguntaros si podrían funcionar, y quien sabe, incluso intentar aplicarlas en vuestro equipos.

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