Últimamente he visto ascensos de personas que individualmente eran buenísimos en su trabajo, y han sido promocionados a tareas de liderazgo de un equipo, y no han dado en esa nueva posición todo lo que deberían. Normalmente el mayor problema es la perdida del respeto por parte de las personas a las que han de dirigir. ¿Por qué pasa esto?

Yo creo que el problema está en el cambio de rol que estas personas han de realizar, y que muchas veces no asumen. Ya no se trata de conseguir éxitos personales, sino de hacer que las personas del equipo consigan rendir al máximo. Muchas de estas personas tienen problemas al ajustarse a esta nueva función.

En el momento que cambias a tareas de dirección, dejas de ser una persona orientada a tu propio rendimiento individual, y pasas a dirigir un equipo, ya no has de simplemente de aprovechar tus talentos y habilidades personales, sino de aconsejar, motivar, enseñar, ayudar, apoyar, y conseguir los medios para que tu equipo rinda al máximo. Por lo tanto se trata de conseguir éxitos conjuntos, de recompensar esos éxitos, y de analizar conjuntamente los fracasos, ya que sus errores son tuyos también.

Jack Welch comentó ya hace un tiempo acerca del tema que “el día que empiezas a ser un líder, se trata de ellos. Tu trabajo es pasearte con un cubo de agua en una mano y un saco de abono en la otra. Tu equipo son las semillas, y tú has de intentar hacer que crezca un jardín. O sea, has de hacer que esas personas crezcan”.

Otro problema con estas personas es que se sienten presionadas por la nueva responsabilidad, y tienen la necesidad de demostrar que son capaces de hacerlo bien, por lo que no piden ayuda al ver que la situación se desborda. Lo que hacen es tragarse su estrés, se cierran en sí mismos, y por eso pierden la confianza de su equipo.

Por lo tanto, es importante que cuando promocionéis a alguien, le hagáis un seguimiento porque muchas veces estas personas no poseen las habilidades tradicionales de la dirección, como pueden ser el delegar, pedir ayuda a otros directivos, dar confianza y tranquilidad a su equipo, pensar más estratégicamente, o dar soporte. Los líderes han de ser capaces de transformar o cambiar las situaciones, han de saber motivar a otros para que los sigan, y han de mostrar confianza en lo que hacen para inspirar a los de su alrededor. No estaría de más que los apuntarais a algún curso específico sobre la materia.

Para acabar, cito otra vez a Welch, “el día que llegas al liderazgo, tu trabajo consiste en llevar a gente que ya es muy buena y convertirlos en insuperables”

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