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Hoy toca algo espiritual. Las personas activamos la energía del espíritu humano cuando nuestro trabajo o actividades están alineados con lo que valoramos mas, y con lo que nos da un sentido de utilidad y propósito. Si sentimos que el trabajo que realizamos realmente importa, eso nos llenará de energía positiva, nos enfocará. Por desgracia, en nuestro tremendo día a día es muy difícil tener esto en cuenta. En el libro managing with ahola, este valor es el Ho’ohana. Os recomiendo ese libro, es una fuente de inspiración. Si no lo digo, reviento, Rosa Say, la autora, me escribió un comentario en una de mis entradas sobre cómo ser un buen jefe.

Lo que está claro es que si empezamos por este área, no conseguiremos nada. Primero hemos de pasar por los tres anteriores, establecer los rituales para gestionar la energía de las cosas más mundanas, y entonces nos podernos dar cuenta de que estar atentos a nuestras más profundas necesidades influye dramáticamente en nuestra efectividad y satisfacción en el trabajo.

Simplemente el hacernos algunas preguntas nos puede mejorar la energía. Por ejemplo, algo de lo que ya había hablado, es hacernos la pregunta ¿Cómo quieres que te recuerden? ¿Tu quieres que te recuerden como el loco trabajador hora tras hora sin descanso, y que hace la vida imposible a la gente que tiene a su alrededor? ¿Cómo el padre que no estaba nunca? Yo siempre intento acompañar a mi hijo a todo lo que puedo, para que recuerde a su padre de otra manera que delante del ordenador. E intento ser humano con las personas a mí alrededor. Al final, la gente te devuelve lo que tú le das.

Para acceder a la energía del espíritu, tenemos que clarificar nuestras prioridades y establecer rituales, como en las otras áreas. Debemos prestar atención en hacer lo que estamos mejor preparados o lo que disfrutamos mas realizando, dedicar tiempo a aquello que creemos que es importante -la familia, el trabajo, la educación, por ejemplo-, y aplicar nuestros valores en todas las cosas que hagamos.

Lo que está claro es que aquello para lo que estamos mejor preparados no es muchas veces lo que más nos gusta hacer. Nos deberíamos preguntar en que actividades en los últimos tiempos hemos rendido a tope, nos han llenado realmente, o nos han inspirado, y analizar en ellas que es lo que realmente nos ha hecho estar así, y que talentos personales han aflorado de ellas. Por ejemplo, yo me he sentido muy bien cuando he arrancado ERP en las filiales de mi antigua empresa, y la sensación era producida por la compenetración del equipo, ese sentimiento de todos a una, y de que a la vez que trabajamos nos divertimos. Ahora que estoy seleccionado gente para mi nueva empresa, intento buscar eso en las personas que busco.

También podemos buscar personas en nuestro equipo que les guste hacer las cosas que a nosotros no nos agradan. No hablo de pasar marrones, sino de cambiar una tarea por otra para que todos estemos más contentos. Por ejemplo, hay personas que no les gusta estar cara al público, y que llevan muy mal las interrupciones, y otras que lo que no les gusta es estar delante de un ordenador todo el día. Se pueden combinar y seguro que las dos estarán más felices.

En el segundo caso, dedicarnos a lo que es importante, pasa lo mismo, muchas veces hay distancia entre lo que decimos que lo es y lo que realmente hacemos. Aquí también los rituales nos ayudan a encontrar el punto medio. Por ejemplo, yo tenía la costumbre de revisar mi GTD por la noche, en casa. Eso es un error, porque me quita tiempo para estar con mi familia, ahora lo hago por la mañana en el trabajo a primerísima hora. O por ejemplo es un error llevarse los problemas del trabajo a casa, yo procuro en el trayecto de vuelta escuchar algo en el coche que me aislé de los temas pendientes, por ejemplo un podcast de algún tema que me interese y que no tenga relación con mi día a día, que limpie mi mente, y con esto llego el máximo de jornadas posible tranquilo a casa. Aun he de mejorar, porque los rss me ocupan mucho tiempo, y he de encontrar alguna manera de no pasarme las noches leyéndolos, pero estoy en ello.

Sobre el tema de los valores, es también un reto importante. Muchas veces el día a día nos empuja a hacer cosas que contradicen nuestros valores, pero que no nos paramos a pensar que lo hacen. No se trata de definir explícitamente nuestros valores, ya que los resultados serán demasiado previsibles. Quizás el mejor acercamiento al tema es por comparación, por ejemplo, ¿qué cualidades son las que más nos desagradan de otras personas? Al describir lo que no nos gusta, también indirectamente estamos describiendo lo que nos gusta. Por ejemplo, algo que no me gusta de mis superiores es la distancia que guardan entre ellos y sus directores, ya que no me deja ver si lo que estoy haciendo es realmente lo que se ha de hacer. Eso claramente indica que yo soy una persona que me gusta que mi gente sienta que estoy ahí para indicarles hacia dónde ir, y que no tengo ningún problema en darles feedback. Mi ritual va a consistir en hacer reuniones mensuales en las que resumiré lo bueno que se ha hecho y las áreas en las que hay que mejorar.

Siempre he hablado de rituales en esta serie de entradas. Por ejemplo, si algo que realmente apreciáis es la consideración, ¿Por qué llegáis tarde a las reuniones? Eso es falta de consideración hacia los otros. Llegar siempre cinco minutos antes. O sentaros siempre delante de la persona con la que estáis hablando, sin nada que nos moleste entre ella y vosotros.

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