Los que me conocen saben que soy adicto a la adrenalina. No puedo estarme quieto, necesito siempre hacer cosas nuevas, proyectos complicados, cambios radicales, en definitiva, complicarme la vida. La verdad es que me gusta esto porque las mejores ideas se me ocurren siempre cuando estoy bajo presión, cuando la emoción es muy fuerte ya que estas creando algo nuevo.

Pues resulta que no soy el único. Todos pensamos que el ejecutivo frio y calculador es lo mejor para la toma de decisiones, pero un estudio de la Universidad de Maryland y el College de Boston lo desmiente. Las personas tomamos mejores decisiones si estamos sometidos a emociones intensas -siempre que no nos dominen y nos dejen pensar con libertad.

¿Cómo lo comprobaron? Pusieron a 100 personas que pertenecían a clubs de inversión durante 4 semanas a simular inversiones en bolsa. Justo antes de que ellos tomaran decisiones acerca de vender o comprar acciones se les hacía apuntar sus emociones y la intensidad de sus pensamientos. Curiosamente aquellas decisiones sobre inversiones que se hicieron cuando los sentimientos de las personas eran más intensos fueron sobre valores que después dieron muchos más beneficios que las realizadas por individuos que no sentían ese subidón de adrenalina. El estudio demuestra que las emociones, en contra de lo que todos podamos pensar -ya sabéis, ese dicho de que las emociones nublan la razón-, son muy beneficiosas en la toma de decisiones, ya que aumentan la atención y la memoria.

Por lo tanto, es muy interesante en las empresas, para conseguir tomar buenas decisiones, evitar las reglas o restricciones sociales contra las emociones intensas en el trabajo. Cuidado, no quiere decir que tengamos que tirarnos con paracaídas para decidir la estrategia de la empresa, sino más bien esos estilos de dirección muy autoritarios que no permiten la interacción entre las personas, que es la base de las emociones.

También es importante saber cuando hemos de tomar decisiones, quiero decir, si nuestra aptitud mental es la adecuada en ese momento. Se trata de conocernos a nosotros mismos, y no tomar decisiones importantes cuando estamos bajos de moral o con sentimientos negativos. Cuanto mejores seamos definiendo nuestro estado de ánimo en ese momento, mejores seremos para darnos cuenta de si es buen momento para decidir qué camino tomar.

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