Es curioso, a mi me pasa, muchas ideas se me ocurren cuando estoy haciendo footing. Pues resulta que no soy el único. Hoy estaba leyendo la edición de febrero de la HBR y hay publicado un artículo corto que habla sobre el tema.

Nuestro cerebro evolucionó mientras nos movíamos. ¿Os imagináis que le hubiera pasado a nuestros antecesores si se hubieran quedado quietos 8 horas al día en las planicies africanas? Lo más probable es que se los hubiera comido otro animal. Nuestro cerebro evolucionó caminando o corriendo muchos kilómetros al día, durante millones de años, buscando comida, lugares para vivir, o simplemente huyendo de otros depredadores. Nuestro cerebro se hizo tal como es gracias a esto.

El ejercicio mejora el riego sanguíneo en zonas específicas del cerebro y estimula las celdas del aprendizaje que producen los llamados BDNF -en ingles, brain-derived neurotropic factor- que son como abono para nuestras neuronas. Las funciones ejecutivas del cerebro se activan con el ejercicio, y son las que ayudan a un ingeniero a diseñar un puente, o a un informático a pensar la solución a un problema, pero también nos ayudan a templar nuestro carácter y a sentirnos mucho mejor con nosotros mismos.

Igual que las carreteras ayudan a llevar la civilización a lugares apartados, el ejercicio ayuda a que el oxigeno llegue a nuestras células, a todas, y en particular a aquellas que están más trabajadas por nuestra actividad diaria, por medio de la sangre, y que las toxinas sean expulsadas de ellas. El ejercicio hace que los servicios de limpieza del cuerpo humano lleguen a más tejidos y hagan una limpieza más profunda.

Simplemente haciendo footing 2 o 3 veces a la semana 30 minutos es suficiente para conseguir el efecto deseado en nuestras capacidades cognitivas. Se aprende un 20% más rápido después del ejercicio que después de estar tumbados en el sofá. Y no hablemos de la mejora en salud general asociada al ejercicio físico, en enfermedades cardiovasculares, depresión y otros males.

El artículo va mucho más allá y critica los entornos actuales de trabajo, donde se potencia el estilo sedentario. Habla de salas de reuniones con cintas para hacer ejercicio, escritorios con bicicletas estáticas, y la gente acudiendo al trabajo en chándal… La verdad, una utopía bastante humorística, pero que seguro que sería mucho más amigable al cerebro que el estilo actual.

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