Hoy os voy a hablar de la ciudad china de Xiamen. No, no es donde voy a ir de vacaciones, aunque reconozco que ya me gustaría. Xiamen es famosa por su precioso puerto y las vistas de su golfo.

Pero en el verano de 2007, fue famosa por otras causas. El gobierno chino decidió que era el sitio ideal para instalar una planta petroquímica que produciría paraxileno, producto extremadamente tóxico. Todos sabéis que el gobierno chino no destaca por su transparencia, pero no se sabe bien cómo, la noticia llegó a la población, produciendo la consiguiente alarma.

En otras épocas, poco se hubiera podido hacer para evitar la construcción de la planta por parte de los habitantes. Pero ya os digo, estamos en otros tiempos, y eso aplica a todo el planeta, en el que China se encuentra por supuesto incluida. Mediante emails, blogs y mensajes de texto, la noticia se extendió, y se organizaron protestas y manifestaciones contra ella. Miles de habitantes se concentraron varias veces delante del ayuntamiento para hacer oír su voz.

Por supuesto, el gobierno chino hizo lo que se espera de un gobierno dictatorial, cerró las webs y cortó los blogs. Pero no se puede luchar contra las posibilidades actuales de comunicarse, y los protestantes pudieron rodear el silencio oficial. Usando sus teléfonos móviles se tomaron fotos, se publicaron en webs de otros países, se enviaron por correo, se colgaron en servidores ftp… Por mucho que lo intentó, el gobierno chino no consiguió frenar la noticia.

El resultado es que se ha pospuesto la construcción de la fábrica hasta que se haga un estudio real y serio del impacto medio ambiental. Y el corolario es que no se puede esconder nada en los tiempos que corren, al final, si se quiere, todo se acaba sabiendo.

Otro ejemplo lo tenemos en los políticos. Actualmente ningún político puede esconder su pasado, ya que en el momento que se hace popular, seguro que alguien escribe sobre lo que conozca de el, todo se acaba sabiendo. La revolución digital ha convertido la transparencia en algo inevitable, si tienes algo oscuro, mejor será que lo cuentes. Internet, las cámaras de fotos de los móviles y la blogosfera han democratizado el poder, y ahora ya no está en manos de unos pocos, sino de muchos. Y la grandeza está en el hecho de que no hace falta mucho dinero, cualquiera con acceso a internet puede revelar verdades de cualquier persona o institución, y sin necesitar demasiados conocimientos.

Quizás el gran problema es la autentificación de la información. Poco a poco hemos de ir encontrado mecanismos para corroborar lo que se dice y encontrar la fuente, igual que en su día los gobiernos encontraron los métodos para comprobar que un billete era falso. Poco a poco.

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