Ya comenté en la entrada anterior que no vemos con nuestros ojos, vemos con nuestro cerebro. Y ya comenté que realmente no registramos todo lo que pasa a nuestro alrededor, simplemente una pequeña parte, ya que si no nos volveríamos locos. Es nuestro sistema anti spam.

En el número de julio/agosto de la Scientific American Mind hay un artículo titulado “Your Inner Spam System” en el que se explica que el razonamiento abstracto está muy relacionado con el uso efectivo de la memoria “de trabajo” de nuestro cerebro, y que la diferencia entre aquellos que razonan de manera más efectiva y aquellos que no está relacionado con la capacidad de nuestro cerebro de filtrar información no relevante para la tarea que tenemos que desempeñar. La memoria a corto plazo está reducida de media a solo cuatro “espacios” en cada momento, o sea, solo nos podemos fijar en cuatro cosas y pensar o tomar decisiones sobre ellas. Por eso es importante usar esa memoria de manera efectiva.

Por lo tanto, en los sistemas analíticos que diseñemos hemos de eliminar al máximo la información no necesaria, para qué nuestro cerebro no tenga que usar su sistema anti spam. Nuestra memoria almacena la información desde el momento que vemos algo, continuando mientras la procesamos conscientemente, y finalmente se traspasa a memoria definitiva -si así lo cree necesario nuestro conocimiento-. Por lo tanto, tenemos tres tipos de memoria:

  • Memoria instantánea. Es como el buffer de memoria de un ordenador, donde se guardan las cosas esperando pasar a otro lugar para ser procesadas. Pero al final nosotros somos más complejos que un ordenador, por lo que algún tipo de atributos se reconocen mientras la información está en esta área, que nos hacen fijarnos en algunas cosas, o agruparlas, pero sin que nuestro pensamiento consciente tome parte en ello. Este “pre procesamiento” es muy importante en la precepción visual.
  • Memoria a corto plazo. Aquí es donde la información es procesada de manera consciente por nuestro cerebro. Esta memoria es temporal, una parte está dedicada a la percepción visual, y está limitada en espacio. Ya he comentado que podemos mantener de tres a nueve “espacios” de memoria visual. Cuando está capacidad se llena, algo ha de salir, no hay más. Obviamente, estos espacios visuales son muy flexibles, y por ejemplo, cuando miramos números en un dashboard usamos uno para cada número, pero un gráfico complejo bien diseñado utiliza solo uno de ellos, y nos da gran cantidad de información. Por eso son tan importantes lo gráficos, siempre que estén bien diseñados.
  • Memoria a largo plazo. Aquí guardamos las cosas que creemos que vale la pena conservar. Aquí ya no tenemos memoria visual, nuestro cerebro ha procesado, catalogado y decidido, por lo que la presentación es irrelevante.

En definitiva, la memoria instantánea y la a corto plazo son las que hemos de cuidar en el diseño de los dashboards. La capacidad limitada de estos tipos de memoria nos marca algunas reglas básicas. La información que está relacionada nunca ha de estar fragmentada en diferentes dashboards, y ha de estar visible en la misma página sin tener que usar el scroll. Una vez que la información no está visible, o está guardada en alguno de los “espacios” indicados anteriormente, o ya no está disponible para nuestro pensamiento consciente. Por eso yo siempre diseño mis dashboards en una sola página, o en una sola pantalla, porque intento que toda la información esté visible en el campo visual y se pueda intercambiar en la memoria a corto plazo de manera rápida y efectiva.

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