Pero, ¿qué pasa cuando no hay una estrategia definida en nuestra empresa?

Muchas veces tenemos dificultad para que nos aprueben los proyectos, sobre todo porque nos cuesta justificarlos, si estos no conllevan una reducción de costes muy clara, y esto pocas veces pasa. Todos sabemos que la manera más fácil de que un proyecto pase la criba es que este esté alineado con la estrategia de la empresa. Pero la experiencia me demuestra que aunque muchas veces las empresas tienen una estrategia, no está escrita en ningún sitio, ni se usa realmente para tomar sus decisiones más importantes.

Por lo tanto, nos esforzamos en presentar nuestros proyectos destacando las tremendas mejoras que van a dar a, por ejemplo, la retención de clientes, o la toma de decisiones, o el aumento de ventas, pero sin demasiada fe, porque, ¿realmente es ese el camino marcado por la estrategia de la empresa? Nadie lo sabe, porque, ¿dónde está escrita esa estrategia?

Pero, pararos a pensar en lo que digo, ¿dónde está ESCRITA esa estrategia? Al final, la estrategia puede ser un conjunto de relaciones, decisiones, tendencias, formas de actuar. Nada formal en “blanco y negro” -papel y tinta-, pero algo muy muy muy real. Me encanta una frase que leí en el libro The New CIO Leader, que viene a decir más o menos, que la diferencia entre un director y un líder de empresa es que los segundos son capaces de avanzar en el contexto estratégico de su empresa y ofrecer iniciativas sin tener la necesidad de una estrategia escrita o unos procesos formales.

Y, ¿por qué no formalizamos el contexto para que nuestros proyectos sean más fácilmente justificables, y por añadido aprobados? El libro nos da un proceso en cinco pasos que os voy a resumir.

  1. Entender lo fundamental. Hemos de conocer nuestra industria, nuestro entorno competitivo, y hacia dónde va el mercado. Que base tiene nuestro negocio, cuáles son las metas a largo plazo, nuestro modelo económico, los ratios principales que nos hacen ir hacia adelante. Y que iniciativas clave en todos los ámbitos se están llevando a cabo.
  2. Pensar en cómo podemos mejorar el rendimiento. ¿Hemos de dirigirnos a los clientes -aumentar su número, nuevos canales, mejores precios? ¿Hemos de trabajar los activos de la empresa -equipamientos, inventario, instalaciones? ¿Hemos de mejorar los recursos -las personas, las materias primas, los consumos básicos de por ejemplo energía? ¿Hemos de mejorar la eficiencia de los procesos -ventas, entregas, servicio, producción, aprovisionamiento?
  3. Definamos los objetivos de negocio. Referidos a por ejemplo la reducción de costes, el aumento de valor con nuestros productos, la flexibilidad o agilidad de la organización, el crecimiento, o los recursos humanos.
  4. Y definamos los objetivos de nuestro departamento, en mi caso de Sistemas de Información. Hemos de tener claro que es nuestra base -debilidades y fortalezas, ratios básicos, objetivos e iniciativas a largo plazo. Pero más importante aún, definamos los motores básicos de la empresa, y su rol en los sistemas de información, su implicación en los datos y la información, en las comunicaciones, en los activos de IT.
  5. Por último, definamos las iniciativas que puedan mejorarse con los Sistemas de Información. ¿Qué oportunidades de negocio nos dan los sistemas visto todo lo anterior? Y hagamos que nuestros proyectos estén en línea con los objetivos de negocio.

Pero muy importante, esto no lo podéis hacer solos. Tenéis que hablar con vuestros colegas, los que llevan mucho tiempo y los que llevan menos para que os ayuden a conocer todos estos puntos.

Seguro que la siguiente vez que presentéis un proyecto, como mínimo, vais a dejar impresionados a vuestro superior de lo que sabéis de la empresa. Y os costará menos argumentar los beneficios que aportáis. Y pensad que la estrategia de la empresa no es solo la que está escrita en un papel.