¿Os imagináis poder saber en cada momento donde ha estado cada una de las personas de un país? ¿Y saber por dónde se ha movido? ¿Os suena a ciencia ficción, esa en la que a cada uno de nosotros nos implantan un chip y nos controlan vía satélite? Pues que sepáis que eso es posible ahora mismo, y no hace falta implantarnos nada.

¿Cuántos de vosotros tenéis un teléfono móvil? ¿Casi todos? ¿Cuántos de vosotros lo lleváis encima siempre? ¿Casi todos? Pues eso es suficiente para saber en todo momento donde estáis y como os movéis con una precisión no demasiado buena, pero si suficiente para tener una idea de flujo. La técnica que estudia estos datos y los convierte en información se llama reality mining, y es una derivación del data mining.

Una introducción rápida al data mining. ¿Os habéis parado a pensar por qué nos preguntan el código postal a veces cuando hacemos una compra? Ese código postal se asocia a los artículos que habéis adquirido, y permite por ejemplo hacer campañas de buzoneo personalizadas a los de Sant Cugat con los artículos que más pueden comprar. Tengo un amigo que hace aplicaciones para bancos que buscan patrones en las operaciones monetarias para predecir el fraude.

El reality mining permite extraer patrones, de movimiento y de permanencia en lugares, de teléfonos, ya que estos están constantemente conectados y en contacto con una antena base. Esto tiene muchísimos usos, muy interesantes. Por ejemplo, en simulaciones de tráfico, nos puede servir para saber qué pasaría si hemos de cortar una carretera por obras.

También puede servir para encontrar las mejores ubicaciones para colegios y hospitales, allá donde se concentra más gente o por donde pasan habitualmente. Y para conocer la propagación o incidencia de enfermedades, porque por ejemplo cuando tenemos la gripe, nos quedamos en casa y no vamos a trabajar, y nuestro teléfono se queda con nosotros.

Como ya os podeis imaginar, todo esto tiene muchas implicaciones legales, ya que un mal uso de esta información puede ser fatal. Al final, nos están monitoreando sin nuestro consentimiento. Por supuesto se debería extraer cualquier dato que permitiese identificar personas individuales.

¿Os suena a ciencia ficción? Pues es realidad. Una manera de convertir datos en información.

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