Me ha encantado el artículo corto leaders in denial de la HBR de julio-agosto. La verdad es que se aplica muy bien a muchas de las cosas que han pasado en los últimos tiempos.

Sigmund Freud describía la negación como un estado de “saber pero no querer saber”. La distancia entre el mundo tal como es y el mundo tal como tú quieres que sea es simplemente tan grande que no eres capaz de ver la realidad de lo que está pasando. ¿Es la negación un problema actual? Definitivamente si. Muchas empresas desaparecen cada año, y muchos líderes han fracasado en su cometido, justamente por esta razón.

Por ejemplo, hablemos de la industria del automóvil. Henry Ford fue un visionario en los inicios de esta. Su empresa creó uno de los coches más revolucionarios y de más éxito de todos los tiempos, el Ford T. Pero su obcecación fue creer que lo que sus clientes querían y siempre continuarían queriendo en el futuro es lo que ese modelo les ofrecía, transporte. No se dio cuenta que cada producto o servicio tiene dos componentes básicos, su propósito principal, y otras funciones alternativas. La línea entre esos dos componentes cambia con el tiempo, y lo que al principio de la industria del automóvil era un medio para ir de un sitio a otro, con el paso del tiempo evolucionó hacia un símbolo de estatus, y en la crisis del petróleo volvió a ser simplemente un medio de transporte, y así sucesivamente, cambiando, evolucionando entre su uso principal y otro usos alternativos.

La negación hizo que Henry Ford no se diese cuenta de esto, y continuó haciendo automóviles solamente para transportarse. Y si os paráis a pensar, la historia está llena de casos como este. Por ejemplo, negar el uso de la tecnología -IBM con los ordenadores personales-, o cambios demográficos -el poder de China-, o creer que los recursos y capacidades de la empresa son ilimitados y que nunca nada nos va a poder afectar.

El mismo Freud cayó en el “saber pero no querer saber”. Continuó fumando puros después de que le diagnosticaron un cáncer de laringe. Ford y Freud fueron personas inteligentes y que cosecharon un gran éxito, pero que pagaron un alto precio por obviar lo que tenían delante de sus ojos. Pensad en ello cuando toméis vuestras decisiones y no dejéis escapar lo obvio. Como decimos por aquí, “no hay mas ciego que el que no quiere ver”.

Y por cierto, ¿no os suena a algunos acontecimientos actuales?

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