Seguro que esto es algo que seguro que muchos de vosotros habéis experimentado, y es la cantidad de decisiones que se toman en las organizaciones por interés de la persona que las toma, y que luego van fatal. Y lo que cuesta luego reconocer estos errores.

Analicemos un poquito cómo funciona la toma de decisiones en nuestro cerebro. Tal como leía en la HBR básicamente actúan dos procesos que voy a explicar brevemente. Normalmente son muy fiables, pero nos pueden fallar.

Cuando nos encontramos delante de una nueva situación, nuestra mente lo intenta asociar con algo ya conocido, usando reconocimiento de patrones. Se trata de un proceso complejo que pone en funcionamiento más de 30 zonas de nuestro cerebro. Nos ayuda a asumir cosas, o a juzgar los acontecimientos, basándonos en nuestras experiencias anteriores. El caso más claro son los jugadores de ajedrez, que se aprenden miles de partidas para poder reaccionar con rapidez en una nueva situación. Pero por desgracia los patrones nos pueden llevar a error, porque muchas veces cuando nos encontramos con situaciones vagamente familiares, creemos que entendemos lo que pasa, cuando no es así.

Una vez ya hemos entendido lo que pasa, actuamos, o dejamos de actuar, basándonos en asociación de emociones. Quiero decir, como se asocia la información emocional con nuestros pensamientos y experiencias almacenadas en nuestra memoria. Esta información nos lleva a prestar atención a las cosas o pasar de ellas, y nos guía hacia el tipo de solución que tenemos que dar -inmediata o posterior, global o local, directa o indirecta- Esto ya se ve que puede llevarnos a error, no hay nada mas impreciso que las emociones, por ejemplo, nuestra aversión personal hacia algo nos puede llevar a no escogerlo, aunque sea la mejor solución.

Ya había hablado antes de que la mayoría de nuestro trabajo mental sea inconsciente, y no está bajo nuestro control. Por lo tanto, es difícil controlar la información que manejamos para llegar a una conclusión. El interés propio inapropiado es uno de los factores más habitual y peligroso, ya que condiciona la importancia emocional que asignamos a cada uno de los fragmentos de información que manejamos, y que por desgracia nos llega a percibir los patrones que queremos ver, y a tomar las decisiones equivocadas. Esto nos pasa a todos, por mucho que intentemos evitarlo.

En el artículo de la HBR nos dan algunas guías para evitar que esto pase, pero lo dejo para la siguiente entrada.

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