Estos días he tenido muchas “conversaciones complicadas”. Hablo de esas conversaciones que ya ves que pueden acabar mal, o en las que te interesa que tu punto de vista sea el escogido, sabiendo que vas a tener mucha oposición. Yo ni mucho menos soy un especialista en el arte de llevar a la gente a mi terreno, a decir verdad me considero malísimo en esa materia, pero poco a poco, y leyendo mucho, se van aprendiendo algunas técnicas que pueden ayudar. Aquí van algunas de ellas.

Lo primero, y ya sé que es difícil, pero hemos de intentarlo, es tener muy claro que queremos conseguir de la conversación. Pero es muy importante ser realista en lo que podemos conseguir. Por ejemplo, y no es mi caso, supongamos que tenemos una persona complicada en el equipo, podemos habla con ella para que reconozca que tiene trato complicado e intente cambiar, pero eso es muy poco realista, porque estás poniendo todo lo que quieres conseguir en las manos del otro, ha de reconocer su problema y ha de querer cambiar, y eso es muy difícil. Es más realista por ejemplo hacer que se de cuenta de la reacción que provoca en los otros y como los otros interpretan lo que dice o como actúa.

Está claro que lo que quieres conseguir lo decides tú solo, pero habéis de tener claro que hay dos partes en la conversación, y lo más probable es que no estén en sincronía. A veces hemos de variar lo que queremos conseguir al ver como evoluciona la conversación, pero siempre hemos de tener un objetivo.

En una conversación complicada es más efectivo hablar de un objetivo que queremos conseguir y que es lo que interfiere en la consecución de este que hablar de lo que está mal directamente criticando a quien lo ha hecho. Con esto evitamos la confrontación y que la persona que tenemos delante se sienta herida.

La reciprocidad es importante, y la consistencia del mensaje también. Por ejemplo, hemos de dar información antes de pedir, o hemos de tener claro el mensaje y no hemos de varias los argumentos. Esto es especialmente importante cuando hemos de decir no. Y explicar las causas por las que estamos entablando la conversación es muy importante también, sin rodeos, y sin edulcorar lo que decimos. Hemos de evitar la confusión de la persona que tenemos delante.

A veces sale bien, a veces sale mal, pero seguro que obtenemos experiencia de cada conversación que tenemos. Aquí tenéis parte de la mía.

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