Ya han pasado las fiestas navideñas, y según mi opinión, por fin han pasado las fiestas navideñas. Yo es que no soy de mucho comer, ni tampoco de quedar por obligación. Además en mi familia, como tenemos parte catalana y parte aragonesa, lo celebramos todo, o sea, no perdemos una oportunidad de sentarnos en una mesa. Por suerte mi familia no es demasiado numerosa –para juntarnos más de 6 tenemos que esforzarnos.

Hablemos de la comida de año nuevo. A mí me gusta mucho cocinar, y además se me da bastante bien –la autoestima la tengo alta, como podéis ver. Hacía ya mucho días que en mi familia me pedían que les invitase a comer y les demostrase eso que digo que sé hacer tan bien, por lo que ese día quedamos todos en mi casa.

Una vez os hayáis decidido, no dudéis.

Mi familia es rara para comer, muy rara. No les gusta casi nada. Yo cocino platillos, cosas especiales, no el típico asado y la sopa. Aún no había acabado de invitarlos y ya me estaba arrepintiendo. Ya me estaba imaginando su cara cuando me viesen salir de la cocina con esas cositas que me gusta hacer. Pero eso no es lo que hemos de hacer, hemos de creer en nuestras capacidades y comunicar al exterior que lo vamos a hacer bien.

O sea, ya me veis a mí los días de antes preparándolos y convenciéndolos de que lo que les iba a preparar estaría muy bueno, y que deberían abrir su mente a nuevas experiencias. Nosotros tenemos una visión, estamos convencidos de que es la buena, y lo hemos de expresar al exterior de manera convincente.

Hay que mostrar coraje hacia fuera.

Aunque tengamos dudas en nuestro interior. Mi familia se pasó los días de antes preguntándome lo que iba a hacer, dudando de si les iba a gustar. La verdad, yo también dudaba de mi capacidad para hacer algo que les guste, pero me armé de coraje y seguí con mis planes originales, porque solo faltaba que les diera la razón antes incluso de que probaran mis manjares.

Yo creo que por suerte no tengo un problema de autoestima. Y también pienso que si quieres liderar, mejor será que no tengas ese problema, o como mínimo que lo ocultes y lo reserves para la intimidad, porque lo más probable es que contagies a tu equipo de tus dudas, y eso no es nada bueno.

No te preocupes de ser absolutamente perfecto.

Cuando hay que preparar una comida de las mías, lo primero es hacer la compra. Buscar los mejores ingredientes, las mejores combinaciones, y menos mal que tengo a Mª Angeles, que se vuelve loca con las cosas que le pido. Al fin lo conseguimos todo.

Y ya llegó el día. Me pasé buena parte de la mañana cocinando, intentando que todo estuviera en su punto. Pero sabéis, en la cocina es muy difícil que todo salga perfecto. En mi caso, algún ingrediente estaba algo verde, el horno no me funcionaba del todo bien, llegaron demasiado pronto a casa y aun no estaba todo preparado. Pero yo quería que todo estuviera perfecto.

En la cocina hay demasiadas variables, tú compras lo mejor, aplicas la receta y esperas que salga bien, pero al final es el gusto de las personas lo que decide. Igual que en las decisiones empresariales complejas, que no existe la buena o mala, tu recopilas toda la información que puedas en un tiempo limitado, analizas las posibles soluciones –un análisis coste beneficio puede ser una gran ayuda, utilizas tu juicio y vas a por ella. La perfección no existe.

Diviértete mientras estás haciendo lo que hagas.

Como yo mientras hago la comida. Siempre he dicho que a mí no me gusta comer, solo me gusta ver como la gente se come lo que yo hago. Si a la gente le gusta, celébralo; sino lo les gusta, otros habrán que les guste. Hazlo lo mejor que puedas, y ya está.

Y aprende a vivir con el fracaso.

Sabéis, al final la comida les gusto a medias. Pero esto mismo que hice a otros les había gustado mucho, por lo que quizás el problema es que a cada persona hay que hacerle lo que le guste, conocer mejor sus gustos antes de liarte a cocinar.

En definitiva, en la cocina como en la empresa, insiste, no ceses en tu empeño, vas a cometer errores, seguro, aprende de ellos y sigue adelante.

Y una reflexión final, la confianza, en contra de la pretensión o la arrogancia, nace de los éxitos conseguidos. Cuanto más hayamos conseguido, más seguros estaremos que lo podemos volver a conseguir. Si yo hubiera dejado de cocinar cada vez que a alguien no le ha gustado un platillo de los míos, no sabría que soy capaz de hacer cosas que a la gente le gusten y que puedo cocinar más o menos bien para los gustos de otros. Pues lo mismo pasa en la empresa y en vuestros proyectos. Cuando no tengáis claro si sois capaces de hacer algo, mirar para atrás y recapacitar sobre todo lo que hayáis conseguido anteriormente, y adelante, cuanto más difícil el reto conseguido, mayor autoestima conseguiremos.

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