Hoy os voy a hablar del psicólogo Howard Gardner, que escribió la teoría de las inteligencias múltiples, en la que se basó Daniel Goleman para su teoría de la inteligencia emocional. La teoría de las inteligencias múltiples dice que cada persona tiene, como mínimo, cinco inteligencias, o habilidades cognitivas. En la HBR de Marzo aparecía un artículo titulado the ethical mind que hablaba de una de las inteligencias que todo ser humano tiene, el pensamiento o inteligencia ética.

Muy rápidamente os comento las cinco inteligencias que hemos de cultivar para prosperar como individuos y como grupo. La inteligencia reglada, es lo que aprendemos en la escuela, nuestros conocimientos generales, y más tarde nos especializamos en algún área, como programador, médico, etc. El pensamiento sintético, nos permite decidir que es importante, prestarle atención, y presentar esta información de manera coherente para nosotros y para otros. La mente creativa, nos permite innovar, crear nuevas ideas, descubrir. El pensamiento basado en el respeto, que nos permite comprender, y crear relaciones con otras personas. Y por último, el pensamiento ético, que se hace la pregunta ¿Qué tipo de persona, trabajador o ciudadano quiero ser? Si todo el mundo piensa como yo ¿Cómo sería el mundo?

Como podemos ver, cuando nos convertimos en personas éticas, empezamos a ver de una forma imparcial a nuestros equipos, compañeros, organizaciones, etc. Y hemos de ser capaces de denunciar las situaciones que no cuadran con nuestra visión ética. Por desgracia, hace ya un tiempo, el mundo de los negocios ha perdido la ética. Corrupción, pelotazos, tráficos de influencias. Seguramente muchas personas detectan este tipo de situaciones, pero por miedo a perder su trabajo, o porque creen que han de respetar a su superior, no las denuncian. Las personas éticas valoran mucho más su misión que su bienestar y no les importa denunciar lo que haga falta, aunque eso signifique que ellos van a sufrir las consecuencias.

La orientación ética empieza en casa, hemos de enseñarles a nuestros hijos como nosotros nos implicamos en nuestro trabajo, como siempre otorgamos el beneficio de la duda, y como somos personas de mente abierta, entre otras cosas. Por desgracia, aunque tu crezcas con un alto índice de ética personal, el mal comportamiento de las personas a tu alrededor puede minarlo. Por ejemplo, copiar en un examen. Tu ética puede que no te permita copiar en un examen, pero si ves que todos los de tu alrededor copian, puedes asociar que copiar es el precio del éxito en tus estudios. En los negocios pasa lo mismo, hemos de tener éxito a cualquier precio, hemos de ganar dinero cueste lo que cueste, porque la vida es corta, y solo se vive una vez (al menos que nosotros sepamos).

Además el mundo de los negocios carece de un código ético definido. Por ejemplo, los médicos tienen su código, y si no actúan bien con respecto a él, pueden ser expulsados de la profesión. En cambio los hombres de negocios no tienen un código escrito. Si es verdad que hay muchísimas personas que actúan con ética en el mundo de los negocios, haciendo lo mejor para sus clientes y empleados, pero siempre se trata de una decisión personal, no hay nada escrito, y si deciden actuar de forma no legal, no hay pena para ellos. El mundo de los negocios se ha convertido, muchas veces por la incorporación de las empresas de capital riesgo, simplemente en una cuestión de aportar beneficios solamente a los accionistas, cueste lo que cueste, y en el mínimo tiempo posible.

Los líderes que actúan de forma ética, sin tener en cuenta las presiones del exterior, consiguen que sus equipos trabajen de forma ética, y consiguen beneficios a largo plazo para sus organizaciones. Por ejemplo, las empresas como Perrier, que gracias a la actuación ética de su director general, han retirado del mercado partidas de sus productos por problemas en su calidad, a la larga han conseguido ser vistas como empresas en las que se puede confiar por parte de los consumidores.

Si eres un líder, puedes vencer a las presiones exteriores que obligan a olvidar la ética, pensando que lo que haces, a la larga es lo mejor para tu organización y para tu equipo. Has de hacer autocrítica de vez en cuanto y plantearte si estás de acuerdo con la forma en la que estas actuando, y si no pensar que has de hacer para cambiarlo. Hazte la pregunta ¿Cómo quiero que me recuerden?. También ayuda el tener opiniones externas que te hagan ver si tus actos son o no éticos.

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